viernes, 20 de noviembre de 2009

Carrefour y las bolsas de plástico

La conciencia social que hay en torno al calentamiento global(TBB), no confundir con el cambio climático, es una oportunidad única que no pueden desaprovechar las grandes corporaciones para sacar tajada...

Carrefour se ha gastado un buen dinero en una campaña en la que explica las maldades de las bolsas de plástico. Con esa campaña informativa justifican una decisión tan difícil como la de dejar de entregarnos gratuitamente unas cómodas, prácticas y baratas bolsas de plástico.

Ahora, cuando vamos a Carrefour, nos ofrecen a un precio módico unas bolsas de fécula de patata que a duras penas resisten el peso de una docena de huevos talla XL. O a un precio menos módico, unas bolsas reutilizables, que por mucho que doblemos no caben en el bolsillo...

Lamentablemente, los genios de Carrefour no han encontrado solución para sustituir el plástico de los botes de champú o de gel, que supone mucha más cantidad de plástico (probad a pesar un bote de champú vacío y una bolsa de plástico vacía), y las ensaladas Carrefour siguen viniendo envasadas en bolsas de plástico, así como los tomatitos cherry.

Quizá siendo malpensado, podría pasárseme por la cabeza que sólo han dejado de repartir bolsas de plástico porque para ellos esas bolsas suponen un gasto fijo y no pueden repercutirlo directamente al cliente.

Pero no, estoy equivocado. No es por eso. Ya que, cuando pedimos que nos traigan la compra a domicilio, no nos cobran más dinero por llevarnos hasta la puerta de casa el champú envasado en botes de plástico o las bolsas de plástico con ensaladas dentro de una feas, contaminantes y difíciles de reciclar pero a su vez cómodas, prácticas y baratas bolsas de plástico.



Parece que la conciencia climática de Carrefour se acaba cuando está en juego la comodidad y eficacia de su sistema de reparto. Pero si somos nosotros los que tenemos que cargar con bolsas de fécula de patata, entonces la conciencia climática es lo primero.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Abrimos a las 17:30 de la tarde

The Big Borde se dirigía el pasado domingo a un acontecimiento deportivo en Barcelona, cerca de El Clot, para ser más exactos. Como The Big Borde es muy observador, estuvo fijándose en los distintos carteles que se podrían leer en los establecimientos de la zona.

Entre ellos, uno le sorprendió especialmente...

Abrimos a las 17:30 de la tarde

Excelente la aclaración por parte del comerciante. Por unos instantes, pensé que abrirían a las 17:30 de la mañana.

domingo, 11 de octubre de 2009

Las abejas y el fútbol

Ayer se celebraron varios partidos de la fase de clasificación del mundial de fútbol de Sudáfrica 2010. Se ha hablado mucho de fútbol, pero también un poco de abejas. Durante el partido Méjico - El Salvador, una invasión de abejas hizo que el encuentro se tuviera que parar unos minutos.

No os perdáis los comentarios...



Pero no me diga... Que hay un panel(RAE) de abejas ahí, ¡mire!

Imagino que el señor quería decir un panal(RAE)... Que aún tendría perdón, pero tampoco sería lo correcto. El panal es el conjunto de celdillas, que forman una colmena(RAE). Aunque después de escuchar panel, ya me habría conformado con panal...

Espero que si estos comentaristas viajan a Sudáfrica no confundan manadas de leones con mamadas de leones, zonas de manglares con zonas de manjares, o grupos de hienas con la ópera de Viena. Si sus jefes no encuentran antes otros comentaristas más duchos en el uso del lenguaje, claro...

martes, 22 de septiembre de 2009

Los dos minutos más cortos de la tele

Hace un par de días, la presentadora del telediario matinal de Antena 3 consiguió parar el tiempo durante dos minutos. Bueno, mejor dicho, consiguió hacer retroceder dos minutos el tiempo, cuando dijo:

Son las 7 y 28, faltan dos minutos para las 7 y 28.

En otras palabras...

Son las 7 y 28, pero también son las 7 y 26.

jueves, 3 de septiembre de 2009

La concursante del Pasapalabra

Hoy he estado viendo el Pasapalabra, ese programa dedicado a que un señor o señora demuestre su vocabulario con el inestimable estorbo de dos famosetes que, como no se juegan nada, se dedican a pretender que son graciosos y hacer perder el tiempo al pobre concursante.

Hoy la protagonista del post será la concursante que ha perdido.

Cuando ya se había equivocado varias veces, volvió a fallar estrepitosamente y dijo en voz alta:

¡Qué tonta!

Así que, como parece que no le importa presumir de sus características menos afortunadas, añadí inmediatamente en voz alta:

¡Y qué fea y qué gorda!

sábado, 25 de julio de 2009

¿Este sábado juegas?

El mismo día de la maruja y el euro, un manolo, el masculino de maruja, también se cubrió de gloria en el metro...

Venía hablando con otro espécimen de su misma calaña, cuando el manolo número 1 preguntó...

¿El sábado juegas?

El manolo número dos, pareciendo no haber entendido la pregunta, dijo:

¿Ein?

Y el manolo número 1 repitió...

Digo si este sábado juegas...

El manolo número 2 pregunta...

¿Éste que viene?

Lástima que el manolo número 1 no tuviera buenos reflejos... Si los tuviera, le podría haber contestado:

No, éste no, el segundo sábado del cuarto mes de treinta días del próximo año bisiesto, ¿no te jode?

Pero no, le dijo:

Sí, éste que viene...

El resto de la conversación ya no tiene interés...

La maruja y el euro

Las marujas ya han aparecido en un par de posts de este blog, aunque siempre como actrices secundarias. Pero recientemente una maruja me demostró que ellas también pueden ser bordes, aunque en esta ocasión jugando con ventaja debido a las circunstancias de su víctima, aunque la víctima se lo buscó...

Era un sábado por la mañana, sobre las 7:00, y en el metro se podía encontrar dos clases de personas: los locos cómo yo que se iban a una carrera popular por Barcelona, y los que, por obligación, se iban a trabajar un sábado por supuesto con bastante mala leche. Dudo que nadie esté a esas horas en el metro por placer...

Una maruja bajaba rápidamente las escaleras, pues escuchaba que llegaba el metro. Es una de las cosas que más me cuesta entender de las marujas, esa extraña obsesión que tienen de coger el metro que está llegando, aunque para eso tengan que atropellar a alguien, torcerse un tobillo (algo bastante complejo debido a la cantidad de carne que suele rodear sus tobillos) o torcérselo a otra persona, como si dos minutos después no fuera a llegar otro metro por el mismo andén.

A la maruja en cuestión, por los rápidos movimientos que estaba haciendo en la escalera, se le cayó una moneda de un euro cuando estaba a dos escalones del andén, justo delante de un chiringuito de la ONCE, con ciego incluido. El ciego, cuyo sentido del oído le permitió reconocer el dinero botando escalones abajo, dijo:

Señora, eso es dinero, si le sobra compártalo.

Y la maruja, indignada, le contestó:

Sí, claro que me sobra, por eso me levanto y cojo el metro a estas horas.

El ciego se quedó mudo... Y la maruja recogió su euro...