Hoy he experimentado una sensación indescriptible... ¡Practicar
tethering(Wiki) a 300Km/h! La verdad es que no ha ido mal, excepto porque en
Los Monegros(Wiki) hay menos cobertura GPRS que sitios con sombra y porque el reflejo del sol de media tarde no dejaba ver bien a veces la pantalla del Mac.
Por lo demás, todo muy bien, el Mac y el iPhone forman un buen equipo, el iPhone proporciona al Mac la conexión a internet por 3G, que en circunstancias normales devoraría la batería en muy poco tiempo, y en agradecimiento el Mac se dedica a cargar el iPhone a través del mismo cable, del que no llegué a ver salir humo en ningún momento pese al esfuerzo. El sistema todavía dista de ser perfecto, sobretodo cuando se pasa de una zona con cobertura a una sin, y luego se vuelve a recuperar... A veces la mejor única solución es por este orden renovar el DHCP en el Mac, sacar y volver a meter el cable, o definitivamente desconectar y volver a conectar el modo avión del iPhone. Todavía no he tenido que apagar y encender el iPhone, pero tiempo al tiempo.
Pero no quería sólo bacilar de internet a alta velocidad, nunca mejor dicho. Lo que quiero es analizar lo mucho que disfrutamos usando términos ingleses cuando hablamos español, sobretodo si son acerca de gadgets para geeks, valga la redundancia. No tengo claro si sabríamos decir en español
mobbing,
check-in,
parking o
tethering... Así que voy a aportar mi granito de arena a esta fea manía, y voy a inventarme unas palabras que describen comportamientos o acciones modernas, que sin ser necesariamente geek, creo que merecen una palabra rara que las defina.
A primera hora de la mañana, en el Metro en dirección a Sants, asistí a una buena sesión de
wagoncrossing. El wagoncrossing es una conocida afición que consiste en entrar en el Metro por un extremo, y repentinamente, sentir la imperiosa necesidad de salir justo por el extremo contrario, por lo que el practicante de
wagoncrossing debe recorrer toda la longitud del tren, buscando obviamente el lugar más estrecho y con más gente acumulada para atravesar uno a uno todos los vagones del convoy. Por supuesto, los seguidores del
wagoncrossing se organizan espontáneamente, de manera que entran por ambos extremos del convoy y deben dirigirse al extremo opuesto, y en el momento en el que se cruzan, lo hacen por el mismo sitio, que naturalmente es donde hay más gente esperando pacíficamente para salir por la puerta más cercana sin necesidad de molestar a los demás. Lo difícil que debe haber sido la vida de esas persona hace años, cuando no se podía pasar de un vagón a otro...
Más tarde, llegando a la estación de RENFE de Sants, me encontré con un par de personas practicando un pasatiempo habitualmente veraniego, el
show'n'hide. El
show'n'hide consiste en llevar una indumentaria cuya estructura y talla son inferiores a la debida, de manera que hacen que se desborden los
michelines(RAE) de la protagonista o se pueda adivinar el color del tanga que desluce, y a cortos intervalos de tiempo, estirar las prendas que no cubren todas las vergüenzas de su dueña para conseguir cubrirlas temporalmente, hasta que la elasticidad de las mismas vuelven a dejarlas al descubierto, y vuelta a empezar.
Ya en el tren, no faltaron los fans del
secretshouting. Los amantes del
secretshouting suelen llevar traje, no de mucha calidad pero sí más caros que la porquería de móvil que usan. Suelen gritar para hablar por teléfono, de manera que todos los que están a menos de ocho asientos de distancia se enteran, aunque no quieran, de los secretos inconfesables de su empresa o de su cuñado. Imagino que la corbata con la que les castigan en su trabajo tiene alguna influencia en la cantidad de sangre que les llega al cerebro o que la presión sobre su laringe ha hecho que pierdan la capacidad de comunicarse con un tono de voz normal, por lo que gritan para intentar comunicarse por teléfono.
De vuelta en Barcelona, una madre practicaba son su hijo el
sonfattening, que consiste en alimentar al pobre chaval con bollería industrial a las siete y media de la tarde, a menos de dos horas de lo que debería ser una cena sana y ligera. Esta práctica es totalmente incompatible con preparar un buen bocadillo o algo de fruta en casa y suministrárselo al niño, aunque sí que es mucho más cómoda.
Espero que pronto estas palabras sean de uso tan habitual como muchas otras que tenemos que soportar cada día.