lunes, 22 de junio de 2009

Tethering y otros hábitos

Hoy he experimentado una sensación indescriptible... ¡Practicar tethering(Wiki) a 300Km/h! La verdad es que no ha ido mal, excepto porque en Los Monegros(Wiki) hay menos cobertura GPRS que sitios con sombra y porque el reflejo del sol de media tarde no dejaba ver bien a veces la pantalla del Mac.

Por lo demás, todo muy bien, el Mac y el iPhone forman un buen equipo, el iPhone proporciona al Mac la conexión a internet por 3G, que en circunstancias normales devoraría la batería en muy poco tiempo, y en agradecimiento el Mac se dedica a cargar el iPhone a través del mismo cable, del que no llegué a ver salir humo en ningún momento pese al esfuerzo. El sistema todavía dista de ser perfecto, sobretodo cuando se pasa de una zona con cobertura a una sin, y luego se vuelve a recuperar... A veces la mejor única solución es por este orden renovar el DHCP en el Mac, sacar y volver a meter el cable, o definitivamente desconectar y volver a conectar el modo avión del iPhone. Todavía no he tenido que apagar y encender el iPhone, pero tiempo al tiempo.

Pero no quería sólo bacilar de internet a alta velocidad, nunca mejor dicho. Lo que quiero es analizar lo mucho que disfrutamos usando términos ingleses cuando hablamos español, sobretodo si son acerca de gadgets para geeks, valga la redundancia. No tengo claro si sabríamos decir en español mobbing, check-in, parking o tethering... Así que voy a aportar mi granito de arena a esta fea manía, y voy a inventarme unas palabras que describen comportamientos o acciones modernas, que sin ser necesariamente geek, creo que merecen una palabra rara que las defina.

A primera hora de la mañana, en el Metro en dirección a Sants, asistí a una buena sesión de wagoncrossing. El wagoncrossing es una conocida afición que consiste en entrar en el Metro por un extremo, y repentinamente, sentir la imperiosa necesidad de salir justo por el extremo contrario, por lo que el practicante de wagoncrossing debe recorrer toda la longitud del tren, buscando obviamente el lugar más estrecho y con más gente acumulada para atravesar uno a uno todos los vagones del convoy. Por supuesto, los seguidores del wagoncrossing se organizan espontáneamente, de manera que entran por ambos extremos del convoy y deben dirigirse al extremo opuesto, y en el momento en el que se cruzan, lo hacen por el mismo sitio, que naturalmente es donde hay más gente esperando pacíficamente para salir por la puerta más cercana sin necesidad de molestar a los demás. Lo difícil que debe haber sido la vida de esas persona hace años, cuando no se podía pasar de un vagón a otro...

Más tarde, llegando a la estación de RENFE de Sants, me encontré con un par de personas practicando un pasatiempo habitualmente veraniego, el show'n'hide. El show'n'hide consiste en llevar una indumentaria cuya estructura y talla son inferiores a la debida, de manera que hacen que se desborden los michelines(RAE) de la protagonista o se pueda adivinar el color del tanga que desluce, y a cortos intervalos de tiempo, estirar las prendas que no cubren todas las vergüenzas de su dueña para conseguir cubrirlas temporalmente, hasta que la elasticidad de las mismas vuelven a dejarlas al descubierto, y vuelta a empezar.

Ya en el tren, no faltaron los fans del secretshouting. Los amantes del secretshouting suelen llevar traje, no de mucha calidad pero sí más caros que la porquería de móvil que usan. Suelen gritar para hablar por teléfono, de manera que todos los que están a menos de ocho asientos de distancia se enteran, aunque no quieran, de los secretos inconfesables de su empresa o de su cuñado. Imagino que la corbata con la que les castigan en su trabajo tiene alguna influencia en la cantidad de sangre que les llega al cerebro o que la presión sobre su laringe ha hecho que pierdan la capacidad de comunicarse con un tono de voz normal, por lo que gritan para intentar comunicarse por teléfono.

De vuelta en Barcelona, una madre practicaba son su hijo el sonfattening, que consiste en alimentar al pobre chaval con bollería industrial a las siete y media de la tarde, a menos de dos horas de lo que debería ser una cena sana y ligera. Esta práctica es totalmente incompatible con preparar un buen bocadillo o algo de fruta en casa y suministrárselo al niño, aunque sí que es mucho más cómoda.

Espero que pronto estas palabras sean de uso tan habitual como muchas otras que tenemos que soportar cada día.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo añadiría el "metrocatch", es decir, aquella actividad física que implica la agresión física para conseguir asiento en el Metro, normalmente practicadas por marujas y ancianas, verdaderas expertas en el arte de clavar el codo en el hígado del incauto que tenga cerca, incauto que, curiosamente, no pretendía sentarse ya que pensaba bajar del vagón en dos o tres paradas. Eso no importa, cualquier antropomorfo es un competidor para el practicante del "metrocatch".

Y cómo olvidar al "pressingbutton", donde un individuo o individua se proclama el único ser capaz de apretar el botón de obertura de una puerta de vagón de metro. ¡Qué más da que el vagón todavía no se haya detenido y, por lo tanto, no se pueda abrir la puerta! El avezado seguidor del "pressingbutton" no dudará jamás -pero de los jamases- en erigirse el único propietario de ese momento -que me figuro apoteósico en su vida cotidiana- que consiste en abrir la puerta mediante el complejo movimiento de presionar un botón con un dedo. Y para demostrarlo, hará alarde de habilidad inaudita presionando repetidamente el botón hasta que este, sin duda conmovido por tan constante interés, se ilumine (coincidiendo, oh, benignos dioses, con la parada total del vagón) permitiendo la obertura de la puerta.

En fin, nuestra vida cotidiana está llena de actividades todas ellas sin duda dignas de ser recordadas en los anales de la historia, entendiendo anal en su acepción muscular. Eso sí, reconozco que déjome perplejo saber que se puede "bacilar" por internet y, además, a alta velocidad. Será cuestión de preguntar el sufrido farmacéutico del barrio si dispone de antibióticos análogos para hacer frente ante tamaña y moderna amenaza.
He dicho.

Isidro Gilabert dijo...

Pues sí, Anónimo, el metro o metropolitano, con la "m" en minúscula, excepto si se trata de una marca comercial, que en ese caso podría ser el "Metro de Madrid" o el "Metro de Barcelona", es el mejor caldo de cultivo para deportes de riesgo, y por supuesto para la transmisión bacilar.

Mi deporte preferido en el metro era el "leverkeeping", practicado también por marujas y ancianas que aún conservan su movilidad intacta. Los nuevos convoyes con botón en las puertas, aptos para practicar el "pressingbutton", están acabando con el "leverkeeping", pero nunca olvidaré cómo sus practicantes agarraban la palanca de abrir la puerta cuando el vagón aminoraba la marcha, y corrían sin soltarla unos metros a lo largo del andén, atropellando a los pobres incautos que esperaban plácidamente que el tren se detuviera por completo.

No dejaré de bacilar, es decir, producir nuevos bacilos en mi organismo después de tomarme un yogur en el AVE, mientras hago "tethering" a toda velocidad. La combinación de lactobacilos y la alta velocidad es muy buena para el organismo, especialmente para regular el tráfico intestinal.

¡Bienvenido al blog, muchas gracias por tus avispados comentarios y espero verte por aquí de nuevo!